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EL HOMBRE NO ES CARNÍVORO POR NATURALEZA

Las razones fisiológicas en las que se basa esta afirmación son:

Con respecto a los dientes, los del animal carnívoro son largos y afilados, el hombre tiene molares para triturar. No tenemos colmillos de presa.

En cuanto al movimiento mandibular, los carnívoros mueven su mandíbula al comer de arriba a abajo, para morder y desgarrar la carne, mientras que nosotros tenemos un movimiento lateral como el de los animales hervíboros, para masticar y ensalivar los alimentos.

La saliva de los carnívoros es ácida para digerir las proteínas animales, la del ser humano es alcalina y contiene además ptialina que sirve para digerir los almidones.

Los jugos gástricos de los animales carnívoros son mucho más fuertes que los nuestros, ellos pueden incluso deshacer huesos en el intestino, de hecho, su estómago segrega bastante más ácido clorhídrico.

Los intestinos de los carnívoros son mucho más cortos, estando preparados para expulsar rápidamente los desechos. Los del hombre están diseñados para mantener dentro por más largo tiempo los alimentos que ingerimos y así extraer de ellos todos los nutrientes.
La digestión de la carne en un intestino tan largo como el nuestro es muy pesada y larga.

El hígado del carnívoro puede eliminar más ácido úrico que el del hombre.

No tenemos garras para matar y desgarrar a un animal. Nuestros músculos no están preparados para realizar el gran esfuerzo que supone cazar a un animal para comérnoslo.

Y un dato curioso, el carnívoro bebe con la lengua mientras que el hombre y el herbívoro lo hacen mediante la succión.