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LOS CEREALES


Los cereales, base de la alimentación humana desde la prehistoria, son una fuente concentrada de energía cuyo nombre se debe a la diosa romana de la agricultura, Ceres, a la que los romanos ofrecían las primicias de sus cosechas o "cerealia".
Así, los cereales siempre han estado muy ligados a las tradiciones de las diferentes culturas y a su mitología.

En sí mismos son un alimento bastante completo casi capaz de abastecer las necesidades nutricionales del ser humano, ya que son ricos en proteínas, glúcidos, sales minerales, vitaminas y oligoelementos.

Hablamos, por supuesto, del cereal integral que es el que mantiene todos sus principios alimenticios y la fibra, la cual favorece el tránsito intestinal, la absorción de los alimentos y evita las fermentaciones.

Partes del cereal:

1. Cáscara. Compuesta en su mayor parte de celulosa, es indigerible con lo que facilita la normal evacuación del intestino.

2. Semilla. A su vez, se compone de:

Germen, rico en vitaminas, minerales, grasas y proteínas.

Endoesperma, que contiene la denominada "cubierta de aleurona" rica en proteínas y grasas y las "celdillas de almidón".

Esto último es lo que queda tras el proceso de refinamiento, de lo que se deduce fácilmente que tras éste se pierden los elementos nutritivos más importantes. En concreto, los tres minerales principales: hierro, calcio y magnesio, indispensables en nuestra dieta.

Por todo ello, hay que procurar consumir los cereales sin refinar, es decir, integrales, abundantes en potasio, cinc, cobre, manganeso, cobalto, sodio, fósforo y en vitaminas del grupo B, vitamina E y F.
Además de contener ácidos grasos no saturados, proteínas y lecitina.


Los cereales se pueden obtener en forma de:

Copos
Harina
Salvado
Germen
Sémolas
Germinados

Por lo que su aplicación en lo que a la cocina se refiere, resulta muy versátil. Podemos preparar con ellos innumerables platos que combinados correctamente pueden constituir una comida principal.